Saturday, January 23, 2010

La Derrota del 17 de Enero

Por Rolando H. Vergara
La noticia llegó escueta, Piñera electo Presidente con el 51.61% de los votos. Después de 20 años en el poder la Concertación de Partidos por la Democracia se revuelca, en estos días, en su propia soberbia y muerde el polvo de la derrota.
Ninguna de sus argucias, como esa de que “hay que parar a la derecha” o que “somos el progresismo” dieron resultado. Los socios útiles provenientes de la izquierda claudicante, en particular, del Partido Comunista y su “Juntos Podemos” que pactaron con anticipación votar por Eduardo Frei tampoco pudieron salvarla. La carta del “mal menor” –éticamente ya insostenible- que la Concertación tenía escondida en su manga y que la sacó de apuros en ocasiones anteriores, esta vez igualmente, no sirvió de nada. La frustración y la indignación ciudadana acumulada en estos 20 años, hicieron oído sordo a las promesas de última hora y al chantaje y terminaron por mandar al museo de la historia a la agonizante coalición política y su candidato.
La derrota del 17 de enero se veía venir después del estrepitoso desastre electoral de Freí en la primera vuelta. ¿A quiénes van a culpar ahora de la derrota? Van a culpar a los más de 3 millones de jóvenes que no se inscribieron, a ME-O, a los indiferentes que no se tomaron la molestia de ir a sufragar, o aquellos ciudadanos que postularon legítimamente la opción del voto nulo?
La derrota política irrecusable representa, sin dudas, el rechazo categórico a las políticas de sus distintos gobiernos. Desde Patricio Aylwin hasta Michelle Bachelet, la Concertación no hizo otra cosa que administrar y consolidar, con bastante éxito, la institucionalidad económica y política heredada de la dictadura.
Es una realidad incuestionable que la Constitución de 1980 y todas las leyes fundamentales que rigen el sistema económico, político, social y cultural de nuestro país fueron impuestas por la dictadura, tales como las leyes que limitan el rol del estado en la economía, que conculcan los derechos laborales y sindicales de los trabajadores, o aquellas que convirtieron en un negocio la salud, la educación y la previsión social de los chilenos. Ninguno de los cuatro gobiernos impulsó reformas profundas destinadas a cambiar los pilares esenciales de la democracia tutelada y el modelo neoliberal.
Desde el inicio se vistieron con el mismo traje neoliberal, sustentaron las mismas ideas y aplicaron las mismas recetas políticas, llegando con el tiempo a parecerse tanto a la derecha que a la hora decisiva de votar, la gente no supo distinguir quien era quien. Los ciudadanos no percibieron ninguna diferencia entre la derecha concertacionista y la extrema derecha pinochetista.
La derrota del “17” expresa también un profundo descontento de los pueblos y los trabajadores quienes han sufrido las consecuencias de los distintos gobiernos. El modelo económico chileno, publicitado como el paradigma de desarrollo para América Latina, sin dudas ha generado una gran riqueza, pero esta se ha concentrado en las manos de unos pocos grupos económicos y se ha logrado a costa de la explotación indiscriminada de los recursos naturales y de los trabajadores. El sistema capitalista globalizado por condición intrínseca produce una creciente desigualdad en la distribución de la riqueza.
Se puede afirmar, inequívocamente, que uno de los legados más nefastos de las dos décadas de gobiernos concertacionistas, según diversos estudios de organismos nacionales e internacionales, es la enorme desigualdad en la distribución de la riqueza. Chile es considerado uno de los países más desiguales del mundo, donde el 10 % más rico de la población chilena se lleva el 41,7 % del ingreso nacional, mientras el 10 % más pobre recibe sólo el 1,6%. Las tremendas utilidades de las grandes empresas y la banca, no tienen ninguna relación con los salarios medios de los trabajadores chilenos, con su precaria calidad de vida y sus escasa seguridad social.
Algunos señalaron que la izquierda responsable debía votar por Freí en la segunda vuelta. En otras palabras, eso significaba que era responsabilidad de la izquierda salvar una coalición política que se esmeró en consolidar la versión más salvaje del capitalismo, que creó niveles extremos de desigualdad económica, que entregó gran parte de los recursos naturales a la voracidad del capital transnacional y que privatizó casi todos los bienes que son de todos los chilenos. ¿De donde sacaron que podría ser responsabilidad de la izquierda auxiliar a una coalición política que rescató a Pinochet en Londres e impidió que la justicia chilena lo juzgara por sus crímenes, y que ha reprimido de manera brutal los movimientos sociales y al pueblo Mapuche?
Absolutamente no. No ha sido ni será jamás misión de la izquierda consecuente salvar a defensores del capitalismo, a quienes excluyen, oprimen y explotan a la mayoría de los chilenos.
La derrota del “17” fue responsabilidad única y exclusiva de la inepcia y falta de visión de los actores políticos concertacionistas.

Nota: El autor es Profesor e Investigador del Latin American Research Institute (LARI).

Sunday, July 12, 2009

El Espectro del Marxismo Esta de Nuevo Entre Nosotros

Un fantasma recorre de nuevo mundo, es el fantasma del marxismo. Desde Londres a Berlín, de Moscú a Washington y desde Montreal a Paris las ideas marxistas comienzan a resurgir con fuerza en el suelo fértil de la desastrosa crisis del capitalismo.
Leo Panitch, hasta hace muy poco desconocido dentro y fuera de las fronteras de su país, se ha convertido, de la noche a la mañana, en una celebridad a quien le llueven las invitaciones para dictar conferencias, clases magistrales, o dar entrevistas.
Muchos no saben, incluidos los canadienses, que este investigador y Profesor de Ciencias Políticas de la York University de Toronto, es uno de los más prominentes pensadores marxistas contemporáneos, a la altura de Edward P. Thompson, brillante intelectual marxista ingles, historiador, escritor y fundador de la nueva izquierda en Gran Bretaña en la década de los 50’.
El Profesor Panitch se dio cuenta que el marxismo estaba de vuelta después de recibir una inesperada invitación de una radioemisora local, más popular por sus programas deportivos que los temas políticos, para explicar un hecho también insólito como era el acuerdo de la General Motor, a través del cual los contribuyentes de Estados Unidos y Canadá y los trabajadores de la empresa pasaban a ser dueños mayoritarios de los medios de producción del gigante automotriz (72.5% y 17.5% respectivamente). La crisis económica global, imprevistamente, lanzaba a este modesto investigador al centro del escenario político y académico internacional.
En marzo de este año, Panitch fue invitado por la Ryerson University de Toronto para dar una clase magistral titulada “Still a Marxist After All” (Marxista Aún, Después de Todo) donde explica las razones por las cuales el Marxismo es, hoy día, más relevante que nunca. Una versión resumida de su exposición fue publicada por la revista Foreign Policy considerada como la Biblia del establisment político de Washington.
El vigoroso resurgimiento de las ideas marxistas no es un hecho aislado, sino
un fenómeno de carácter global. En Alemania, donde por estos días se discute la nacionalización de los bancos, solo una empresa editorial vendió en 2008 miles de ejemplares del libro Das Capital, la obra maestra de Karl Marx. El libro “Renewing Socialism” del mismo Leo Panitch ha vendido más copias en los meses recientes que en los últimos siete años.
Más impresionante aún es la invitación personal que recibiera Panitch, nada menos, que de Dmitry Medvedev, Presidente de Rusia, para participar durante la primera semana de Junio en un foro sobre economía mundial, que algunos han considerado como la versión rusa de Davos, para discutir la factibilidad de revitalizar el socialismo en el contexto de la actual crisis económica global.
Otra invitación, no menos importante, que espera en su agenda para los próximos días, es aquella cursada por la prestigiosa London School of Economics de la Universidad de Londres para participar junto a otros destacados intelectuales británicos en una conferencia titulada “Revisiting Marxism: Is Marxism Still Relevant” con ocasión de una nueva publicación del Manifiesto Comunista.
El Profesor Panitch argumenta que una de las principales razones del resurgimiento del marxismo en medio del derrumbe de la ortodoxia neoliberal, es que Marx se adelantó a su época al predecir la exitosa globalización capitalista que tuvo lugar en las últimas décadas; e igualmente fue capaz de prever con bastante exactitud mucho de los funestos factores que han provocado la actual crisis económica global, algo que Marx llamaría “contradicciones” inherentes a un mundo conformado por mercados competitivos, producción de materias primas y especulación financiera.
Si Marx estuviera observando la actual situación, sostiene Panitch, ciertamente con mucho entusiasmo señalaría como los defectos inherentes del capitalismo han conducido a la actual crisis económica. Observaría como el desarrollo moderno de los mercados financieros con la utilización de instrumentos tales como los derivados y la administración y comercio de títulos de deuda han permitido que los mercados propaguen los riegos de la integración económica global. Y concluiría indicando que sin estas innovaciones financieras y sin la, cada vez mas, profunda penetración de la economía financiera en toda la sociedad, la acumulación del capital habría sido significativamente más baja en la últimas décadas.
El resultado ha sido que la demanda del consumidor y por lo tanto la prosperidad de los años recientes, se ha sostenido en el incrementado constante de la deuda de las tarjetas de crédito y los prestamos hipotecarios. Al mismo tiempo se ha debilitado el poder de las organizaciones sindicales y se han reducido los programas sociales dejando a la gente desprotegida y vulnerable a los impactos del mercado.
Es cierto que el volátil sistema financiero global contribuyó a impulsar el crecimiento económico, pero también produjo una serie de inevitables burbujas financieras, siendo la más peligrosa de todas, la burbuja hipotecaria que emerge en los Estados Unidos. La explosión posterior de dicha burbuja tiene un tremendo impacto en todo el mundo, precisamente, porque esta en el mismo centro del sostenimiento de la demanda de los consumidores en los Estados Unidos y los mercados financieros internacionales. Marx, sin dudas, apuntaría que esta crisis es un perfecto ejemplo de como el capitalismo se parece “al hechicero que no puede controlar los poderes de mundo infernal que el mismo ha creado con sus maleficios”.
Panitch, sostiene también, que a pesar de la magnitud de las dificultades actuales, Marx no se haría ilusiones de que la catástrofe económica por si misma efectúe los cambios necesarios. Marx sabia muy bien que el capitalismo por naturaleza engendra y promueve el aislamiento social. Es un sistema escribió, que “no deja en pie otro vinculo entre los hombres, que el desnudo interés personal, el interés del dinero constante y sonante”. En efecto, el capitalismo deja a las sociedades sumidas en “las aguas heladas de sus cálculos egoístas”.
El aislamiento social crea, a su vez, pasividad frente a las crisis personales causadas ya sea por los despidos de los trabajos o las perdidas de las casas e impide que las comunidades de ciudadanos activos e informados se encuentren para comenzar a elaborar alternativas radicales al capitalismo.
Marx si estuviera con nosotros, asegura Panitch, se preguntaría en primer lugar como vencer esta pasividad social que nos consume. En su época, él pensaba que el surgimiento de los sindicatos y los partidos de trabajadores eran un paso adelante. Por eso, en El Capital escribió que el “objetivo inmediato” era la “organización de los proletarios como clase” y su “primera tarea” sería “ganar la batalla por la democracia”. Hoy día, probablemente, Marx estimularía la formación de nuevas identidades colectivas, asociaciones e instituciones a través de las cuales el pueblo pudiera resistir el status quo capitalista y comenzar a decidir la mejor manera para satisfacer sus necesidades.
En el último tiempo no sólo el Profesor Leo Panitch en Canadá, sino muchos otros intelectuales, políticos y luchadores sociales en distintos lugares del planeta, se han dado cuenta que el espectro del marxismo se encuentra de nuevo entre nosotros.
Si usted fue uno de aquellos que hace, un par de décadas, se creyó el cuento ese de que había llegado el “fin de la historia”, “el término de la lucha de clases” o el “fin del socialismo”, si aún no lo ha hecho, le aconsejamos que comience a desempolvar y a releer los escritos Karl Marx, pues continúan siendo una poderosa herramienta para entender el caos al cual ha arrastrado la humanidad el capitalismo globalizado y una guía, clara como el sol, para impulsar la acción y la transformación de la realidad actual.
Notas:
Leo Panitch, “Thoroughly Modern Marx”, Foreign Policy, Washington, USA, Mayo/Junio 2009.
Ian Brown, “The 18th Brumaire of Barack Obama”, Globe and Mail, Canada, 13 de Junio de 2009.

*El autor es Profesor e Investigador del Latin American Research Institute (LARI).

Saturday, June 13, 2009

Para Despedir A Un Imprescindible

“Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht
Hay episodios inéditos de la lucha clandestina contra la dictadura, que no han sido narrados aún por sus protagonistas. En algunos casos los participantes directos nunca podrán hacerlo porque ya no están, los sicarios del gobierno militar los hicieron desaparecer o los asesinaron vilmente a plena luz del día; o como consecuencia de enfermedades y el inexorable paso de los años ya se han ido para siempre de este mundo. Sin embargo todavía quedan otros, que en su condición de actores o testigos si pueden contar y documentar los hechos.
Después de enterarme, a través de la publicación digital PiensaChile.com, del fallecimiento de Vicente García Pincheira, considere que era un deber moral y un acto de lealtad a su memoria, agregar detalles desconocidos de la vida de este combatiente socialista revolucionario.
Compartí con Ramón, su nombre político, una etapa de la lucha clandestina antidictatorial que no se menciona en los discursos de despedida.
La gigantesca tarea de reconstruir desde las ruinas el Partido Socialista de Chile (PSCH), comenzó inmediatamente después de la heroica resistencia del Presidente mártir Salvador Allende y de un grupo de combatientes en La Moneda.
En aquellos días, sólo los manuales hablaban de repliegue organizado, mas la implacable realidad mostraba un panorama de desbande general. El pánico había calado hondo hasta en los más concientes y la mayoría lo único que pensaba era en irse del país, mientras otros querían olvidarse de todo. Escasos, muy escasos se pusieron los militantes en esos aciagos días.
Mi encuentro con Ramón fue afortunado y casual, y de produce a mediados de Diciembre de 1973 mientras caminaba solo hacia el centro de la ciudad. Nos conocíamos de antes y yo sabia que era dirigente provincial de la Central Única de Trabajadores. Mientras caminábamos conversamos de muchas cosas saltando de un tema a otro. Me contó que había estado detenido en la Base Naval de Talcahuano y que recién venia recuperando su libertad.
No recuerdo con exactitud cuanto caminamos, pero fue al instante de despedirnos cuando, con ciertas dudas, le pregunté que pensaba hacer. Me miró con seriedad y antes de decir nada, movió varias veces la cabeza. La interrogante, sin dudas, lo había sorprendido.
Hay que ponerse a trabajar!, dijo luego de un breve silencio. Le estire la mano y nos despedimos con el compromiso de volvernos a ver.
En nuestro segundo encuentro le informé que Alejandro y Mauro, habían tomado en sus manos la reorganización del partido y que se diera de inmediato por integrado.
No dudamos un instante de su palabra, pues su honestidad y decisión era las cualidades propias de los militantes proletarios. Para esa nueva fase de la lucha, que apenas comenzaba, se requerían hombres y mujeres consecuentes, audaces, dispuestos y resueltos como él.
Nos reunimos en vísperas de Navidad, por primera vez los tres, en la casa de un obrero que vivía en el Barrio Norte. Conversamos largo, analizamos la situación que se vivía, hicimos un recuento de los que quedaban y acordamos lo que haríamos inicialmente. Esa noche quedó constituida una incipiente dirección política y sellamos con un abrazo el compromiso de llevar adelante la ardua labor de reorganización.
Alejandro, Mauro y Ramón integraron la primera Dirección Regional clandestina del PSCH en Concepción. Alejandro corresponde al nombre político de Juan González, ex-Secretario Regional de la JS, quien a mediados de 1974, para aminorar el asedio represivo, seria sacado de la provincia y enviado a Santiago.
Decir que fue un “destacado dirigente sindical”, “un ejemplo de luchador social” y “un socialista de calidad” se ajusta a la verdad, pero es enteramente insuficiente para describir lo esencial de su pensamiento y acción revolucionaria.
Es necesario señalar que fue parte de una generación de socialistas que desarrollan su acción política, en la etapa más arriesgada y dura de la lucha antidictatorial; que sabían que podían perder sus vidas, en cualquier instante y lugar, y que asumen esos riesgos con la convicción de estar aportando a la construcción de un Partido Nuevo, mejor que el que existía, depurado de sus debilidades e ineficiencias.
Fue un apasionado e intransigente defensor de las tesis y orientaciones de la Dirección Nacional Clandestina de esa época (Exequiel Ponce, Carlos Lorca y Ricardo Lagos Salinas) contenidas en el controvertido “Documento de Marzo” que hasta hoy, todavía, hace temblar a algunos personajes “socialistas”.
En su condición de dirigente obrero no titubeo, ni por un instante, en hacer suyo el reto que proponía la Dirección Nacional de “construir un partido marxista leninista, destacamento de vanguardia de la clase obrera con influencia en extensas capas sociales, adaptado a las nuevas condiciones del trabajo clandestino, capaz de resistir la represión fascista y dominar a fondo todas las formas de lucha, profundamente enraizado en las masas y conductor efectivo de los combates del pueblo”.
Ramón no fue, por lo tanto, un luchador social más, ni un socialista cualquiera, fue un militante revolucionario que actuó guiado por los principios de la ideología del proletariado y el objetivo de su lucha era la construcción de una sociedad socialista.
La historia de la lucha clandestina, que aún no se escribe, consignará 1975 como el año más trágico, lúgubre y funesto para los socialistas. La detención, desaparición y muerte de un número significativo de brillantes líderes socialistas ocurre en los meses de Junio y Julio de ese año.
Septiembre fue también mes aciago para el partido en Concepción. A fines de Agosto fue detenida Alicia, encargada de comunicaciones, luego de lo cual la Dirección se reúne para analizar la ola represiva que se venia encima y se acuerda que Mauro y Ramón deberían abandonar la zona lo antes posible. Dos días después, el 5 de septiembre de 1975, Mauro es detenido y con ello se desarticula la Dirección Regional. Ramón alcanza a salir y se integraría más tarde al trabajo clandestino de la Dirección Nacional. Esa fue la última vez que nos vimos.
Estando aún en el país me enteré de su segunda detención y su posterior exilio en México, desde donde decidiría retornar a mediados de los 80 para reintegrarse, otra vez, a la lucha contra la dictadura. Como lo ha expresado con acierto su hija Mireya, “Vicente no se rindió nunca”.
Quienes lo visitaron en sus últimos días, dicen que mantenía su espíritu crítico y buscaba “una respuesta a tanta ambigüedad y traición a los postulados históricos del socialismo chileno”.
Es imposible imaginar que Vicente hubiese estado contento con toda la metamorfosis de su partido o que se hubiera sentido orgulloso de la contribución que han hecho los “socialistas” en los diversos gobiernos de la Concertación a la mantención del modelo neoliberal, que sostiene la inequidad económico social de la mayoría de los chilenos, que entrega las riquezas naturales a la voracidad de las empresas privadas transnacionales y que ha convertido la salud, la educación y la previsión social en un inmoral negocio. Jamás podría haber pertenecido a un partido que defiende la expresión más brutal del capitalismo, sistema que por estos días se cae a pedazos en todas partes del mundo.
Quizás lo que más impresiona de su vida, es la determinación y fortaleza para mantener sus ideales y su acción política hasta el final.
Ser revolucionario cuando joven es fácil, pero mantener las convicciones y el entusiasmo, a través de los años, es muy difícil. Sobre todo en esta época confusa que nos ha tocado vivir, donde las dificultades nos inmovilizan y el desaliento nos apaga la pasión por aquellas causas que antes nos hacían vibrar.
El camarada Vicente García Pincheira, con su extraordinaria consecuencia, se ubica en esa rara categoría de hombres y mujeres que luchan toda una vida. Esa elite, a la cual Bertolt Bretch llamaría, certeramente, los imprescindibles.

Saturday, March 07, 2009

Algo Más Que Sol, Mar y Playa

Chile es un país imprevisible, donde la imaginación a menudo sucumbe ante las impresionantes sorpresas. Para mí, sigue siendo todavía un país desconocido o un territorio por descubrir. En cada uno de mis viajes, he tenido la oportunidad de conocer lugares geográficos inéditos y grupos humanos originales.
Este verano, que aún no termina en el extremo sur, estuvimos de vacaciones en Pingueral. Me atrevería a apostar que no son muchos en el país, y menos todavía afuera, los que conocen este hermoso rincón del sur de Chile.
Pingueral es un exclusivo complejo turístico residencial, ubicado a sólo 30 kilómetros de la ciudad Concepción y a unos pasos del balneario Dichato, que obsequia al visitante la abrumadora tranquilidad de sus playas de arenas blancas y la frescura verde de sus bosques que purifican el entorno. Según el Diario El Sur, Pingueral se ha convertido en el resort más importante de la VIII Región.
A un costado de la playa y junto un cerro, se despliegan las calles y avenidas de la villa. Sobresale la originalidad arquitectónica de las casas, las cuales son grandes, bonitas, modernas y con áreas verdes bien cuidadas. Es difícil encontrar dos viviendas iguales.
Una de las cosas que, tal vez, más impresiona es el novedoso concepto de desarrollo urbano que se quiso implementar. Es un proyecto de urbanización abierto, donde las casas no tienen cercos, los sitios no tienen murallas, las ventanas no tienen rejas, no hay portones con seguros electrónicos y tampoco candados colgando de las puertas. La gente vive en un ambiente seguro y controlado, con una extraordinaria tranquilidad para todos, sin asaltos, sin robos y sin problemas de tráfico vehicular. Pingueral, dicen sus vecinos, “es como vivir en otro país”.
Y tienen razón, es la cara enteramente opuesta al país que conocemos. A pesar del aprecio que tengo por el país, debo confesar que detesto con toda mi alma ese Chile con aspecto de cárcel o campo de concentración que tienen sus casas, sus barrios y sus ciudades. Me causan tremenda angustia las rejas metálicas y los muros que se construyen por todas partes, me provocan escalofríos las puntas afiladas de los vidrios y las alambradas amenazantes que coronan las paredes.
En ese país hostil, inseguro y al acecho, Pingueral es como un oasis de serenidad y tranquilidad.
El gestor e impulsor de este verdadero paraíso turístico residencial es el empresario Gustavo Yánquez Mery, quien comenzó a desarrollar el proyecto en 1990 con la idea de “replicar el modelo Santiago-Viña del Mar” en la gran ciudad de Concepción.
El empresario, sin dudas, ha sido exitoso en el desarrollo de su proyecto. En la actualidad, después de 19 años, existen 450 familias que son propietarios de casas y unos 300 dueños de departamentos en los cuatro edificios que conforman el proyecto Costa Pingueral. En casi dos décadas, según cifras de la empresa, se han invertido cerca de 80 millones de dólares.
Los planes del empresario se vieron, sin embargo, imprevistamente perturbados durante el verano 2006 cuando Andrea Contreras Dueza, una mujer de la ciudad de Chillán, interpuso una denuncia en el Ministerio de Bienes Nacionales, luego que los guardias de seguridad que controlan día y noche el lugar, le impidieran el ingreso a la playa. En su reclamo la mujer alegaba que Pingueral era una playa pública y por lo tanto de uso de todos los chilenos.
Gustavo Yánquez, en entrevista a la revista digital “Nos Identifica”, acusa que detrás de la obsesión por abrir la playa al uso público hay una “maquinación política de la ex intendenta de Chillán María Soledad Tohá y un par de personas más”.
El Ministerio de Bienes Nacionales, a través de la Secretaria Regional Ministerial del Bio- Bio, encargada de realizar la investigación emitió en Junio de 2008, una resolución que lleva la firma de la Intendenta Maria Angélica Fuentes, ordenando abrir el acceso público a Pingueral. Meses más tarde, la Corte de Apelaciones de Concepción, ante un recurso de protección presentado por los propietarios de Pingueral, ratificó la resolución del organismo gubernamental.
Es importante mencionar que los fundamentos jurídicos de la resolución del gobierno emanan del decreto ley No 1.939 de 1977, que en su artículo 13 “garantiza el libre acceso a las playas para fines turísticos y de pesca”.
Al mismo tiempo, el Código Civil en su artículo 589 define con claridad que “se llaman bienes nacionales aquellos cuyo dominio pertenece a la nación toda.” Y agrega que “si además su uso pertenece a todos los habitantes de la nación, como el de calles, plazas, puentes y caminos, el mar adyacente y sus playas, se llaman bienes nacionales de uso público o bienes públicos.”
La Ministra de Bienes Nacionales, Romy Schmidt, por su parte, en visita a terreno y desde la misma playa Pingueral, señaló a la prensa en forma categórica que “en Chile no existen las playas privadas”.
En este instante el caso Pingueral se encuentra a la espera de una resolución definitiva por parte del Tribunal Constitucional.
Llama la atención que hubiera sido una sola persona, una sola ciudadana, una sola mujer, quien reclamara su derecho a usar un bien público como son las playas del país. No fue un grupo de ciudadanos ni tampoco organizaciones sociales las que hicieron la denuncia; a pesar que ahora es posible encontrar en Facebook un grupo de personas que se ha pronunciado a favor de ella.
Este hecho demuestra que una gran mayoría de los chilenos padecen, aún, del "síndrome dictadura” y simplemente adoptan una actitud de resignación y claudicación frente a la violación de sus derechos.
Son elogiables las ideas innovadoras de cualquier empresa, pero es inaceptable la venta, con fines de lucro, de exclusividad, seguridad y tranquilidad a un grupo de vecinos, a costa de conculcar los derechos de los demás.
Las maravillosas e impresionantes sorpresas que depara la geografía de nuestro país, como son sus playas de mar, lagos y ríos, no son propiedad de unos pocos acaudalados, sino de todos los ciudadanos. Es hora, ya, que los chilenos, emulando el ejemplo de Andrea Contreras, recuperen definitivamente los bienes nacionales y riquezas naturales que les pertenecen.
*El autor es investigador del Latin American Research Institute

Sunday, June 29, 2008

En el Centenario y Siempre, Seamos Como Allende

Compleja y promisoria época la que nos toca vivir. Llena de obstáculos para avanzar, pero con horizontes luminosos que se asoman en la lejanía. En esta nueva realidad el legado político de Salvador Allende, según algunos tránsfugas de la izquierda, no tendría ninguna vigencia ni relevancia.
El estrepitoso derrumbe de los socialismos reales en la URSS y en Europa del Este, imprevistamente, nos despojaron de las imprescindibles utopías y sueños de que era posible un modelo de sociedad mejor que la capitalista para organizar el crecimiento de las fuerzas productivas y la convivencia humana. Nos habríamos quedado, como dice Tomas Moulian, sin “imaginario de la historicidad”.
La euforia del imperio y las burguesías fue tanta que llegaron a proclamar el fin de comunismo, el fin del socialismo y el fin del marxismo. Francis Fukuyama, ideólogo ultraderechista, fue incluso más lejos llegando a hablar del fin de la historia.
El capitalismo a simple vista había triunfado de manera decisiva y los modelos económicos neoliberales se propagaban por el mundo dando paso a la globalización. Ahora sí que la humanidad, gracias a la libre empresa y las privatizaciones, transitaría hacia una etapa de paz duradera, democracia, estabilidad y bienestar para todos.
Han transcurrido cerca de cuatro décadas desde los inicios de la globalización y las promesas del capitalismo no se ven por ninguna parte. Para entender la realidad actual no se necesita ser economista ni tampoco marxista, sólo basta con encender el televisor y observar lo que esta ocurriendo en el mundo. Los milagros ofrecidos por el capitalismo no se ven por ningún lado. Las guerras continúan azotando a varios países entre ellos Irak, Afganistán y el Medio Oriente, no se ha eliminado el terrorismo, la inestabilidad política se generaliza, y las promesas de prosperidad económica se han esfumado. Por el contrario, la crisis económica y social se profundiza, la brecha entre ricos y pobres aumenta. A la par con la globalización del neoliberalismo se globalizan también las desigualdades y aumentan, al mismo tiempo, las diferencias entre ricos y pobres dentro de los propios países desarrollados. (1)
En América Latina, en particular, el descontento de los pueblos y el rechazo de las políticas neoliberales y de las privatizaciones ha ido en constante aumento.
¿Deberíamos entonces, a estas alturas, concluir que el capitalismo ha resuelto los grandes problemas de la humanidad y que no es necesario imaginar alternativas políticas distintas? ¿O tendríamos que estar de acuerdo con la absurda idea de Fukuyama que se acabo para siempre la historia?
De ninguna manera. Seria una conclusión enteramente errónea, contraria a la lógica y a las evidencias que suministra la realidad concreta. Es en esta nueva realidad, precisamente, donde el legado político fundamental de Salvador Allende se hace más actual y vigente que nunca.
El estudio de la practica política de Allende es una fuente indispensable para la reflexión y la acción creadora en estos días. Este es, en esencia, el gran desafió que tienen por delante quienes se proponen rescatar el legado político fundamental de Allende. Los monumentos oficiales, aunque alguna utilidad puedan tener, no han sido creados para incentivar la reflexión acerca de los problemas y la realidad existente, para educar ni menos para convocar a la acción.
Ser Allendista en estos tiempos marcados por una gran debilidad y dispersión de las fuerzas del pueblo, significa asumir resueltamente la ardua y prolongada tarea de reagrupar la izquierda y buscar sin descanso la unidad del movimiento popular.
Desde 1952, año de su primera postulación a la presidencia, hasta sus últimos días Allende fue un perseverante constructor de la unidad de socialistas y comunistas, principales partidos de la izquierda, en ese entonces. Ni por un instante claudicó en sus esfuerzos unitarios, a pesar de lo compleja y fatigosa que muchas veces, se tornaba esa misión.
Ser Allendista, en esta nueva realidad, implica empujar creativamente distintas iniciativas de unidad a partir de las propias organizaciones sociales, para culminar en el diseño de un proyecto alternativo de sociedad. En estos tiempos difíciles para la izquierda, se nos viene a la memoria una imagen captada en una fotografía de los años 60, que muestra a un Allende con megáfono en mano hablándole a un puñado de pobladores en plena labor de educación, creación de conciencia y movilización.
Ser Allendista en esta época de capitalismo globalizado y salvaje, significa refutar el modelo económico neoliberal, denunciar sus notorias inequidades económicas, sociales y culturales, y sus desastrosas consecuencias ecológicas. Requiere impulsar decididamente la lucha anticapitalista.
Allende a partir de la publicación de su libro La Realidad Medico-Social Chilena en 1939, pasando por sus innumerables intervenciones en el congreso en su calidad de diputado y senador, así como en sus campañas presidenciales y como presidente electo del Gobierno Popular mantuvo una constante denuncia de las desigualdades e injusticias del sistema capitalista.
Ser Allendista en estos días de neoliberalismo globalizado exige mantener una critica anticapitalista intransigente y una posición antiimperialista consecuente. Esta postura tiene afinidad con el ideario Allendista, y al mismo tiempo rescata el legado histórico de la izquierda chilena.
El latinoamericanismo y el antiimperialismo constituyeron rasgos sobresalientes del pensamiento y la acción política de Allende. Él tenia la firme convicción que el sometimiento, la expoliación, el atraso y la pobreza de los países de América Latina tenían causas conocidas y precisas. “Somos países dependientes, englobados en el proceso de desarrollo económico de las grandes metrópolis. La razón dialéctica se expresa con claridad. Existe el subdesarrollo porque existe el imperialismo. Existe el imperialismo porque existe la pobreza”, señalaría en cierta ocasión.(2)
Ser Allendista en el umbral del siglo XXI, por último, significa reconocer que el mundo ha cambiado, que se vive una nueva época y que existen condiciones distintas. Adecuarse a las nuevas condiciones, sin embargo, no conlleva a renunciar a la lucha contra el sistema capitalista ni menos abandonar la aspiración de superar dicho modo de producción, por un proyecto alternativo de sociedad auténticamente democrática, libertaria y humanista que ya comienza a vislumbrarse en el horizonte de América Latina con el nombre de socialismo del siglo XXI.
Ser Allendista hoy día consiste, justamente, en creer con pasión al igual que el Presidente Mártir en la posibilidad de un nuevo socialismo. Sin dudas, el legado político esencial de Salvador Allende, su contribución fundamental a la historia de lucha social en nuestro país, consiste en haberse dado cuenta mejor que nadie dentro de la izquierda que en la sociedad chilena existían las condiciones para la instalación del socialismo; y haber luchado con dicha convicción durante cuarenta años. (3)
La figura de Allende crece y se agiganta con el tiempo en la memoria de todos aquellos que luchan por un mundo mejor. Sus ideas, a pesar del empeño de sus enemigos, resurgen más convincentes y luminosas. Algunos quizás se atrevan a objetar sus conocimientos teórico-marxistas, pero lo que es imposible cuestionar es su ejemplo imperecedero de consecuencia; su consistencia entre su conducta y sus creencias, su valentía para defender sus convicciones con su propia vida.
Porque en estos días, hay una gran ausencia de esta especie de hombres, es que el legado de Allende esta más actual y vigente que nunca. No solamente en el centenario de su natalicio sino siempre, seamos como Allende.
Notas:
1. Alan Woods, El Socialismo no es Utópico sino una Necesidad, Rebelión, 2004
2. Salvador Allende, Discursos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
3. Alexander Zalmak, (seudónimo de Hermes Benítez), Allende; Su Legado Político Esencial, Revista Entrelíneas, Edmonton, 1990.
*El autor es profesor e investigador del Latin American Research Institute (LARI), Canadá.

Wednesday, December 19, 2007

La Masacre de los Obreros del Salitre y los Desafíos Actuales

En un frío día de otoño, con la nieve cayendo sutil y persistente, más de 500 personas llegaron hasta el teatro de la Universidad de Alberta, en la ciudad de Edmonton, para evocar “aquello que la historia no quiere recordar”. Vinieron a conmemorar la infame masacre de 3600 obreros salitreros acaecida un 21 de diciembre de 1907, en el norte de Chile.
La inusitada cantidad de canadienses y latinos, que concurrieron el 25 de noviembre a presenciar la puesta en escena de la Cantata Santa María de Iquique, dramatizada por el grupo de baile Pucara y presentada por la Sociedad Latinoamérica de Mujeres Amigas, confirman la existencia de una voluntad social de recordar, como lo señala el historiador chileno Gabriel Salazar. Voluntad social que recorre como “un fantasma del pasado”, no sólo el país, sino también las comunidades chilenas residentes en todo el mundo.

Recordar juntos es un germen de poder [popular], plantea Salazar, que potencialmente puede tener dos desenlaces posibles. Puede desvanecerse históricamente y, en ese caso, la conmemoración social no tendría otro objetivo que revivir hechos del pasado, de manera contemplativa, como una simple efeméride de calendario, cargada de ritos y simbolismos. O por el contrario, a partir de la evocación de un hecho histórico significativo, aquel germen de poder popular puede proyectarse hacia el futuro en acciones creadoras de una nueva realidad.
Los múltiples eventos programados para conmemorar los 100 años de la masacre de la Escuela Santa María, 140 actividades sólo en la provincia de Tarapacá y más todas las que se realizarán en el resto del país, podrían devenir en meros actos de recordación simbólica, que ocurran sin pena ni gloria; o podrían transformarse en acciones concretas destinadas a cambiar la realidad social y política del país.
Advierte también Salazar, que la recordación y la memoria histórica de los pobres y marginados constituyen un arma política de largo alcance, la cual puede llegar a ser un peligro grave para el sistema y para el estado. Disentimos, en este punto, de la predicción un tanto optimista del historiador.
Estamos enteramente de acuerdo, que es importante que los pobres y marginados no pierdan la memoria y que recuerden aquellos hechos transcendentes de su propia historia, pero de ahí a que representen un peligro para el sistema o el estado, hay todavía un trecho muy largo por andar.
En nuestra opinión, cuando la recordación social y la memoria histórica avancen cualititativamente y se transformen en conciencia de clase y ésta, a su vez, en organización y unidad del movimiento popular, tal vez, en ese instante los oligarcas y patrones, tengan frente a sus ojos una fuerza poderosa y temible.
¿
Qué va a suceder después que se apaguen las últimas luces en los escenarios de las miles de conmemoraciones de la matanza de la Escuela Santa María de Iquique?
Aún esta por verse sí las actuales generaciones de trabajadores, chilenos, peruanos, y bolivianos, a partir de la evocación de uno de los episodios más trágicos de la historia del movimiento obrero, tendrán la habilidad para aprender y aplicar creativamente a las nuevas realidades, las lecciones esenciales de dignidad, coraje, organización y unidad legadas por los obreros del salitre.

De mismo modo esta por verse, si el movimiento popular y las fuerzas políticas de izquierda tendrán la audacia suficiente para tomar en sus manos el inmenso desafió de construir, con esfuerzo y perseverancia, un proyecto político de poder alternativo que permita cambiar la actual realidad del país.
Nota:
Salazar, Gabriel. A 100 años de los sucesos de la Escuela Santa María de Iquique (voluntad política de matar, voluntad social de recordar), 1997.


Monday, April 23, 2007

Homenaje a una Imprescindible

La casa era antigua, estilo victoriano, ubicada en las cercanías de la Universidad de Alberta. La gringa que nos esperaba, era una persona madura, afable y con un sutil acento británico. Después de los saludos y presentaciones, de inmediato, nos hizo pasar al sótano. La habitación era amplia y daba la impresión que todo estaba acondicionado y adornado para la realización de frecuentes mítines. Había una mesa grande, sillas y muchos posters adornando las paredes, uno de los cuales captó mi atención. Tiempo después asociaría aquella imagen con el nombre de Tommy Douglas, el carismático líder del movimiento socialista canadiense.
La dama que nos abría las puertas de su casa era Betty Madiros. Así recuerdo haber conocido a esta extraordinaria luchadora social.
Nos ofreció un café y sé sentó frente a nosotros a
escucharnos con gran atención y avidez. Era 1980, y nuestra misión era informarle acerca de la situación de la lucha antidictatorial. En dos ocasiones concurrí, junto con Javier Ramos, a ponerla al día acerca de los acontecimientos en nuestro país.
Betty Mardiros, nació en el pueblo de Abertillery, en Wales, uno de los cuatro países que conforman el Reino Unido. En conversación con un reportero, en cierta ocasión, le reveló que su activismo social lo había adquirido por osmosis. Y a renglón seguido, le explicó que su padre había sido un obrero y activista sindical en una mina de carbón y que, aún siendo muy pequeña, acostumbrada a decirle “que había que ser muy tonto para no ser socialista”. Betty y Tony, su esposo, emigran y se radican en la ciudad de Edmonton en 1946. Él es contratado como profesor de filosofía de la Universidad.
Ninguna de las causas más relevantes de su época, les fue ajena. En la década de los 60 y 70 en plena guerra fría, toman parte en el movimiento de lucha por la paz, el desarme nuclear y en contra de la guerra de Vietnam.
En el escenario político canadiense, fueron miembros de la CCF (Co-operative Commonwealth Federation), organización social demócrata, que más tarde daría origen al actual Partido Nueva Democracia (NDP). Asisten como delegados a la Convención de fundación del NDP el año 1961. En el ámbito local, crean la organización Woodsworth-Irvine Socialist Fellowship, con el objetivo de promover el debate y difusión de las ideas del socialismo democrático.
Betty participa, además, en la fundación de varias otras organizaciones tales como Voice of Women, Raging Grannies, y Parkland Institute de Edmonton, a través de las cuales defiende los derechos de la mujer, los programas sociales y se opone a la privatización de la salud propiciada por el gobierno derechista de Ralph Klein.
El golpe militar que derrocó el gobierno constitucional de Salvador Allende en 1973, sumaría nuevas causas a su agenda internacionalista: la lucha decidida por los derechos humanos y la democracia.
Impactada por las noticias, junto a otros canadienses progresistas, constituye un Comité de Solidaridad con el pueblo de Chile, el cual juega un importante rol en los esfuerzos por persuadir al gobierno canadiense, de la necesidad de recibir en calidad de refugiados, a los prisioneros políticos provenientes de las cárceles y campos de concentración del régimen de Pinochet.

En la primavera de 1975, se realiza en su casa, una reunión a la que asisten los representantes políticos de la Unidad Popular y el Comité Canadiense, y en la cual se la lanza la iniciativa de conmemorar, por primera vez, el 11 de septiembre en la ciudad de Edmonton. En aquélla oportunidad “la compañera Betty”, en un apasionado discurso, llamó a los participantes a la unidad, a continuar la lucha por la democracia y a construir solidaridad.
Betty Mardiros falleció el 30 de marzo, recién pasado, a la edad de 84 años. The Raging Grannies, un grupo de abuelas, que utiliza el canto y el humor para expresar su descontento y propiciar el cambio social, fue la iniciativa que consumió sus últimas energías y desvelos. “La canción humorística es uno de los métodos más efectivos de acción política que nunca había probado”, declararía. Quizás lo que más impresiona de su vida, es la determinación y fortaleza para mantener sus ideales y su acción política hasta el final.
Ser activo y abrazar causas cuando joven es fácil, pero mantener las convicciones y el entusiasmo, a través de los años, es muy difícil. Más ahora en esta época que nos toca vivir, donde las dificultades nos inmovilizan y el desaliento nos extingue la pasión por aquellas causas que, antes, nos hacían vibrar.
Betty Mardiros, con su extraordinaria consecuencia, se ubica en esa rara categoría de hombres y mujeres que luchan toda una vida. Esa elite, a la cual Bertolt Bretch llamaría, certeramente, los imprescindibles.

Monday, April 09, 2007

Concentración Económica y Predicciones Teóricas

La concentración de la riqueza en manos de unos pocos, se ha profundizado durante el actual gobierno de Michelle Bachelet. Las diez empresas con mayores ganancias, en el año 2006, aportaron el 60 % de las utilidades reportadas por el total de las sociedades anónimas que entregan sus resultados a la Superintendencia de Valores. De acuerdo a la información entregada por el organismo estatal, 600 empresas registraron un record histórico de utilidades que alcanzó a los US $18 mil millones, lo cual representa un aumentó cercano a 40 % respecto a 2005. El diario económico Estrategia indicó que el “8% de las sociedades anónimas concentró el 90 % del aumento de las utilidades.”
En el primer lugar del ranking sé ubicó Minera Escondida con utilidades por US$ 5.325 millones, las cuales representan un 30 % del total de ganancias. Las extraordinarias utilidades logradas por los consorcios cupríferos privados, se debieron a los altos precios del cobre en los mercados internacionales durante el período. A continuación se ubicó Empresas Copec, perteneciente al conglomerado más importante existente en la económica chilena controlado por el grupo Angelini.
El economista Hugo Fazio, en un articulo publicado por Argenpress, resume la situación señalando que los tres grupos económicos más importantes, tuvieron un año muy favorable como consecuencia, en particular, de las ganancias de una empresa. Angellini por los resultados alcanzados por Celulosa Arauco. Luksic por las utilidades del holding Antofagasta Minerals beneficiada por el aumento del precio del cobre. Y Matte por la eléctrica Colbun que le aportó las mayores utilidades.
Fazio apunta, además, que la concentración económica queda en evidencia al considerar el sector exportador, el cual incluye filiales de empresas extranjeras que no aparecen en el informe de la superintendencia. Durante 2005, “las diez empresas con mayores ventas efectuaron un 54.5% de las exportaciones totales”.
El aumento de la concentración de la riqueza en manos de los grupos económicos es inadmisible, pero de ninguna manera sorprendente. La confirmación con cifras de lo que más o menos todos los chilenos sospechan, es la consecuencia lógica de la inalterable aplicación del modelo económico neoliberal por parte del actual gobierno.
Lo más significativo e ilustrativo, quizás, es que el capitalismo en el ámbito mundial y la burguesía chilena, en el caso específico de nuestro país, aportan los argumentos que confirman la certeza del marxismo.
El escritor británico Alan Woods en su ponencia titulada “El Socialismo No Es Utópico Sino Una Necesidad”, señala que los defensores del capitalismo sostienen que “Marx se equivocó, cuando predijo la inevitabilidad de la concentración del capital cada vez en menos manos, pero las cifras demuestran todo lo contrario. Nunca en toda la historia la concentración del capital ha sido más intensa que ahora”. Se estima que 200 grandes empresas controlan una cuarta parte de las actividades económicas a escala mundial. Y de acuerdo a la reciente información de la Superintendencia de Valores, un puñado de diez empresas concentra la mayor parte de las utilidades que genera la economía chilena.
Agrega Woods, que los detractores también rechazan el planteamiento marxista de la creciente pauperización de las masas en el capitalismo. Al respecto, es necesario aclarar que para Marx el nivel de pobreza siempre tuvo un carácter relativo y no absoluto. Y, precisamente, si se analiza la situación de los trabajadores en el ámbito global se ha producido, en términos relativos, un aumento notable de la desigualdad entre ricos y pobres no sólo en los países del tercer mundo, sino incluso en los países más desarrollados como Estados Unidos y Canadá.
La gigantesca concentración de los bienes y las ganancias del capital, acrecentada en el primer año del gobierno de Bachelet, contrasta con el escaso crecimiento de las remuneraciones y los exiguos ingresos de la mayoría de la población. Chile, no sin razón, ostenta el vergonzoso título de ser el país latinoamericano con la peor distribución de ingresos superado solamente por Brasil.
A la luz de la brutal desigualdad social existente, tal vez, deberían modificar el slogan Concertacionista de la campaña presidencial “Chile somos todos. Lo forjamos entre todos...”, y agregarle, “para provecho de unos pocos”.

Wednesday, September 06, 2006

El 11 Nuestro y el de Ellos

...puede ocurrir que los muertos
sean más peligrosos que los vivos”.
Anton Antonov-Ovseyenko

De nuevo cabalga septiembre en las páginas del calendario. Y para los chilenos, donde quiera que se encuentren, este mes tiene una especial significación. Septiembre genera sentimientos contradictorios, simboliza nuestros triunfos y derrotas, evoca nuestras esperanzas y tragedias, recuerda nuestras alegrías y tristezas. Un día en particular, el 11, sintetiza por un lado, la vileza y la traición de Augusto Pinochet y, por el otro, la lealtad y el heroísmo del Presidente Salvador Allende.
Algunos quisieran que se nos borrara la memoria y que de una vez por todas nos olvidáramos del pasado. Pero eso no es posible y no va ocurrir jamás.

Han transcurrido 33 años, desde el criminal golpe militar que derrocó el gobierno democrático del Presidente Allende y la memoria histórica de los chilenos, dentro del país y en los más apartados rincones del planeta, permanece vigilante y lúcida.
Cada 11 de septiembre, en un compromiso casi ritual, se detienen por un instante las labores cotidianas, para participar en sencillos actos de conmemoración y homenaje a los miles de hombres y mujeres que ofrendaron sus vidas en la prolongada y cruenta lucha de resistencia contra la dictadura. Ese día, los chilenos se reencuentran para recapitular un episodio doloroso de la historia de Chile, donde resalta la nobleza y la consecuencia de Salvador Allende combatiendo en el Palacio de La Moneda por la dignidad de Chile, por la democracia y el socialismo.

Se sabe, hoy, fehacientemente que Pinochet no actuó solo en sus fechorías y que tuvo la ayuda de poderosos cómplices para cometer sus crímenes. La periodista chilena Patricia Verdugo, en su libro Allende: Como la Casa Blanca Provocó su Muerte, recompone las piezas del complejo puzzle de la intervención del gobierno de los Estados Unidos en Chile, y denuncia las acciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono que culminaron en el golpe militar y en en el suicidio del presidente.
Es importante señalar, para quienes duden de la imparcialidad del libro, que la periodista utiliza como fuentes de información el informe final de la comisión investigadora del Senado norteamericano, presidida por el senador Frank Church, titulado Acciones encubiertas en Chile 1963 – 1973. Igualmente, basa su investigación en los diecisiete mil documentos desclasificados por la CIA, y que cualquier persona puede leer a través de internet. Como es sabido, en febrero de 1999, el presidente Bill Clinton ordenó a las agencias de seguridad de su país “recuperar y revisar para su desclasificación todos los documentos que den luces acerca de abusos de derechos humanos, terrorismo y otros actos de violencia política en Chile” ocurridos entre los años 1968 y 1990.

El gobierno de Richard Nixon, según estos documentos, autorizó y entregó a la CIA más de 10 millones de dólares para organizar el golpe de estado. Con ese dinero la CIA compro políticos, generales y medios de comunicación para desestabilizar el gobierno de la Unidad Popular. También uso la valija diplomática para enviar las armas con las cuales se asesinó al general René Schneider, Comandante en Jefe del Ejército.
Casi tres décadas más tarde, las ironías del azar histórico determinaron un nuevo y trágico 11 de septiembre. Esta vez sería Estados Unidos, las torres del World Trade Centre y el Pentágono, el pueblo norteamericano, la víctima del terrorismo. Se desconocen las razones de Osama bin Laden y Al Qaeda, para elegir la fecha de su ataque siniestro. Lo que sí se sabe, es que los ciudadanos de New York vivieron, ese día, el mismo drama humano que había vivido los chilenos varios años antes. Era como si una poderosa mano invisible, hubiese dispuesto los elementos para replicar la tragedia chilena y castigar a los responsables.
Los chilenos condenamos, del modo más categórico, aquel crimen y solidarizamos con la multitud angustiada que lloraba a sus muertos y buscaba a sus familiares desaparecidos. Nosotros conocíamos ese dolor, porque habíamos vivido, durante 17 años, los horrores del terrorismo de estado de la dictadura militar.

Ha sido, oficialmente, reconocida la implantación de una política de estado, condición para la imposición del modelo económico, destinada a exterminar a un importante sector de chilenos considerados “enemigos internos”. Como consecuencia de esas directrices, durante el régimen de Pinochet se asesinó a miles de personas, se hicieron desaparecer a miles más, se encarcelaron y se torturaron a cientos de miles y se enviaron al exilio cerca de un millón de compatriotas.
Desde el 2001, por desgracia, tenemos dos 11 de septiembre: él nuestro y el de ellos. En el nuestro, que tendrá como siempre una escasa cobertura en los globalizados medios informativos, se rendirá homenaje a los héroes y mártires del pueblo chileno. Las nuevas generaciones conocerán sus vidas, aprenderán de sus luchas y mantendrán vigentes sus sueños de construir una sociedad más justa, humanista y solidaria.
En el nuestro, se continuará exigiendo verdad y justicia, porque de acuerdo al derecho internacional, las gravísimas violaciones de los derechos humanos cometidas por la dictadura, son considerados crímenes contra la humanidad que no prescriben y, por lo tanto, el estado chileno tiene la obligación de investigar.

Los hombres y mujeres que se ponen al servicio de las causas más nobles de la humanidad nunca mueren, continúan viviendo en el recuerdo, en el corazón y en la memoria colectiva de los pueblos.
Salvador Allende, el más insigne de nuestros héroes, se ha hecho más grande con el tiempo. Ha dejado, incluso, de pertenecerle a los chilenos. Ahora es un personaje universal. Cientos, tal vez miles de plazas, parques, calles, estatuas, hospitales y escuelas llevan su nombre en todo el mundo. Sus ideas siguen influyendo el curso de la historia y las luchas actuales en Chile, América Latina y otros continentes.
Es reconfortante ver a los jóvenes en nuestro país, como exhiben orgullosos en sus camisetas y banderas el retrato de Allende, y retoman sus ideas como fuente de inspiración en las luchas por la democratización política y el establecimiento de una educación pública de calidad para todos.

Wednesday, June 28, 2006

Gracias por Hacernos Creer de Nuevo

Hay que sacarse el sombrero y saludar con admiración y respeto a los estudiantes secundarios. En un mes dieron lecciones de democracia y acción política inéditas e hicieron lo que ningún gobierno de la Concertación había sido capaz de hacer en 16 años. En un mes nos devolvieron a la mayoría de los chilenos, de adentro y de afuera, la esperanza de que es posible imaginar una sociedad distinta y más justa. Nos hicieron creer, de nuevo, que hay un futuro distinto y mejor para Chile.
Estos jóvenes “hijos de la Concertación”, que crecieron escuchando que el país había retornado a la democracia descubren, de pronto, a punta de bombas lacrimógenas, huidas y cañonazos de agua, que el sistema político en que viven se parece muy poco a una democracia. Advierten que el supuesto “gobierno ciudadano” de la Presidenta Michelle Bachelet, no tiene ningún interés en que ellos se organicen, actúen y propongan soluciones a los urgentes problemas que les afectan, no sólo a ellos, sino a todo el país. Los ignoran como siempre, los reprimen violentamente, intentan dividirlos, tratan de desprestigiarlos argumentado que no saben lo que quieren y que no tienen propuesta. Ellos mantienen la calma y aguardan con optimismo el discurso del 21 de mayo de la Presidenta, pero éste no contenía ni siquiera una línea dedicada al movimiento estudiantil, el cual por esos días aún continuaba en huelga; había sólo una mención a los encapuchados y una imprecisa promesa para mejorar la calidad de la educación. Karina Delfino, una de los voceros diría al respecto, [nosotros] “esperábamos otra respuesta. Si la Presidenta hace mención de la crisis educacional, o de la brecha que existe entre estudiantes ricos y pobres, otro sería el escenario”.
A pesar de los intentos por ignorarlos, el movimiento estudiantil continuó resuelto y ahora apuntando más lejos en sus demandas. El gobierno, finalmente, decide negociar, cede, destituyen jefes policiales para desviar responsabilidades en la represión, hacen concesiones y prometen soluciones. Los jóvenes habían derrotado la arrogancia característica del gobierno.
La impresionante y masiva movilización de las y los estudiantes secundarios pone en evidencia la imperiosa necesidad de una profunda democratización política del país. El sistema político excluyente, de democracia sin pueblo y sin participación, queda seriamente cuestionado.
El otro gran logro de la “rebelión de los pingüinos” es haber puesto en la mesa de discusión del país el tema de la crisis de la Educación Chilena, tópico sistemáticamente ignorado por los gobiernos de la concertación durante 16 años.
Distintos personeros del gobierno, mintieron descaradamente acusando al movimiento estudiantil de no tener propuesta. De inmediato los estudiantes respondieron mostrando a los medios de comunicación, un documento que habían entregado al Ministro de Educación, Sergio Bitar, en noviembre del 2005, en el cual daban a conocer sus proposiciones para mejor la educación.
Entre las principales propuestas, los estudiantes exigen la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de la Educación (LOCE); la constitución inmediata de una comisión de carácter resolutivo para redactar una nueva ley con participación de todos los sectores sociales involucrados en el proceso educativo; y la devolución de las escuelas al Estado para garantizar el derecho a la educación de calidad para todos los chilenos. De paso enrostran al gobierno que en la supuesta democracia en que viven, siguen vigentes las leyes de la dictadura, ya que la LOCE fue la última ley promulgada por Pinochet el año 1990.
Las transformaciones fundamentales que propone el movimiento estudiantil, crearon un escenario político imprevisto para el gobierno de la concertación. El programa de la Presidenta Michelle Bachelet, en la misma línea de continuidad de los gobiernos anteriores, no contempla la realización de cambios estructurales en la educación ni en otras áreas. La respuesta a las proposiciones de los estudiantes, fue el anuncio de un proyecto de reforma a la constitución que asegure el derecho a la educación y algunas modificaciones a la LOCE el cual seria realizado por “un conjunto de parlamentarios y expertos de la Concertación”. Los estudiantes, como era de suponer, rechazaron los ofrecimientos del gobierno, talvez porque saben o intuyen que la política de parches de la Concertación, que en apariencia pareciera cambiarlo todo, al final termina cambiando nada. La inequívoca respuesta de los jóvenes apareció escrita en las murallas de los colegios con la consigna “Sólo sé, que no LOCE”. Y la historia más reciente les da la razón, porque a la famosa LOCE desde 1991 hasta ahora, se le han hecho 10 modificaciones que no han resuelto en nada la desastrosa situación de la educación.
“Nos sentimos victoriosos, sentimos que le hemos doblado la mano al gobierno”, expresó el vocero Juan Carlos Herrera, al comunicar él termino de los paros y tomas de colegios. Y es así, no hay exageración en las conclusiones de los jóvenes, baste mencionar que en pocos días estremecieron los cimientos del sistema educacional, impusieron al gobierno una agenda inmediata para mejorar la educación y consiguieron una importante representación en el Consejo Asesor Presidencial. Se comprometieron, además, de continuar movilizados en pos de “los cambios de fondo.”
La lucha de las y los estudiantes secundarios, mostró una voluntad de cambios profundos no sólo en la educación, sino al nivel de toda la sociedad. Es por eso, que las organizaciones sociales y políticas que se plantean el cambio en el país deberían, con mucha modestia y humildad, comenzar a aprender de esta nueva generación de jóvenes. Hay allí indiscutibles indicios de nuevas formas de hacer política que es imprescindible estudiar, analizar y aplicar. La Asamblea de Estudiantes Secundarios (ADES), sintetiza una práctica de democracia interna ejemplar donde los voceros son revocables en cualquier instante. El movimiento estudiantil en su conjunto actúa con plena autonomía frente a las autoridades de gobierno y las organizaciones políticas tradicionales; con una admirable creatividad y flexibilidad táctica para vencer uno a uno los múltiples obstáculos que encontraron a lo largo del conflicto y para derrotar el cerco comunicacional; la sorprendente capacidad y preparación de sus dirigentes para representar y exponer los acuerdos de la asamblea.
Por esas lecciones de democracia, por sus acciones políticas inéditas, pero por sobretodo, por habernos devuelto intacta la esperanza a la mayoría de los chilenos, por hacernos creer de nuevo en nuestro país, en un Chile distinto más justo y solidario, hay que ponerse de pie y sacarse el sombrero en señal de gratitud y admiración por los estudiantes secundarios. Gracias por el mayo inolvidable que vivimos.

Tuesday, April 25, 2006

No tengo razones para celebrar

En Abril recibí, a través del correo, una carta inesperada. Contenía una invitación para asistir a la conmemoración del 73 aniversario de la fundación del Partido Socialista de Chile.
Mientras leía la invitación, no pude evitar retroceder en el tiempo y recordar aquellos años cuando, recién, me iniciaba en las labores educacionales, como maestro rural en el villorrio de Colicheu, en la zona de Yumbel; y que consecuencialmente, coinciden con mis primeros pasos en política. En ese poblado campesino, la desigualdad social y la pobreza, concurrían a la escuela y se sentaban frente a mí, en la sala de clases cada mañana. Fue la realidad económico-social del país, la que me empujó a
ingresar a una organización política. Fue la que me hizo socialista, en la primavera del año 1969.
Elegí el Partido Socialista, porque era una organización política de izquierda, que se proponía como objetivo una revolución social, para realizar cambios profundos en la sociedad chilena, que hicieran posible la construcción de un país mas justo e igualitario para todos. Esa fue la idea esencial que iluminó la lucha y la obra del gobierno del Presidente Salvador Allende.

La historia de lo que vino a continuación, la conocemos todos. El gobierno constitucional y democrático de Salvador Allende, fue derrocado en un sangriento golpe militar ideado, planeado y financiado por el gobierno de los Estados Unidos. Con la dictadura militar los chilenos retrocedimos, durante 16 años, a una era de barbarie, donde de verdad el hombre se convirtió en el lobo del hombre.
Después, vendría la heroica etapa de reconstruir clandestinamente el partido
y organizar la resistencia contra la dictadura, tarea que se inicia, a partir, del mismo golpe militar. Puedo asegurar que no eran muchos, en esos días, los que tuvieron el valor de jugarse el pellejo en esa arriesgada misión. Ahí estuve, junto a unos pocos, entregando mi contribución a la reorganización del PS en la provincia de Concepción.
Lo hicimos con la convicción de estar construyendo una organización nueva, mejor que la que existía, depurada de sus errores y de sus deficiencias. Esas fueron, igualmente, las ideas fundamentales que animaron el trabajo de la Dirección Central Clandestina de esos tiempos (Ezequiel Ponce, Carlos Lorca y Ricardo Lagos Salinas, detenidos, torturados y desaparecidos por la dictadura).
La lucha se daba en dos frentes al mismo tiempo. Se resistía contra la dictadura y se resistía, internamente, contra el tsunami de la renovación socialista, la cual finalmente se impone en el Congreso de Unidad de 1990. Los renovadores llegaron tanto lejos, que fueron capaces de cambiar la identidad histórica del partido. El PS dejó de expresar políticamente a los trabajadores como clase y, abandona, desde ese instante, la visión marxista de interpretación de la historia.
En 1990, se inician los gobiernos de la Concertación, sustentados básicamente en la alianza PS-PDC. Nadie puede cuestionar que, durante estos años, el PS ha proporcionando militantes y tecnócratas que han sido extraordinariamente eficientes en la mantención del modelo económico neoliberal. Conviven, sin sonrojarse, con un sistema que sostiene la inequidad económico-social de la mayoría de los chilenos, que entrega el patrimonio nacional a la voracidad de las empresas privadas transnacionales, y que hace de la salud, la educación y la previsión social un inmoral negocio.
El PS, de hoy, me parece irreconocible. No es la organización política a la cual ingresé en la primavera de 1969 y en la cual permanecí durante 25 años. No es, tampoco, el partido en el cual militó Allende. Dejó, hace rato, de ser un partido de izquierda. Si uno revisa las plataformas políticas de las principales tendencias que, por estos días, se disputan la dirección, ninguna se plantea el cambio del sistema económico vigente. Por lo tanto, hasta el nombre socialista es un contrasentido, para un partido que defiende el capitalismo en su expresión neoliberal.
Agradezco la invitación, quienquiera que me la haya enviado, pero con mucha honestidad debo decir que no tengo razones para celebrar. Seguiré siendo un socialista de ideas y de principios y no me faltaran trincheras desde las cuales luchar.

Thursday, April 13, 2006

Crónica de una aventura anticipada

Hacer un viaje, a donde quiera que sea, es siempre una suerte de aventura. Se conoce el destino, se bosqueja un plan, pero nunca hay plena seguridad que las cosas salgan como se pensaron. Desde el inicio al final, hay espacio para lo inesperado, lo incierto, lo desconocido. Ahí es, cuando comienza la aventura.
En enero de este año, toda la familia, hicimos un viaje a Chile que resultó ser una grata e insólita aventura.

Desde que la dictadura me permitió el ingreso al país en 1988, he viajado en varias ocasiones, pero este último viaje tuvo características singulares.
En esta oportunidad iba con la “familia extendida”, no era sólo yo o nosotros y la hija, sino que ahora éramos nosotros más la familia de la hija, es decir, nuestro yerno y los dos nietos canadienses.

¡Cómo nos ha cambiado la vida! Este dato es ilustrativo de la nueva realidad demográfico-social de las comunidades chilenas residentes en el mundo. Las primeras oleadas migratorias de chilenos que salen al exilio llevan más de 30 años viviendo fuera del país, con hijos e hijas que han crecido, se han educado y se han mezclado racialmente con los habitantes de los respectivos países donde arribaron. No es raro, entonces, encontrarse con familias como la nuestra, de nacionalidades mixtas tales como chileno-canadiense, chileno-francés, chileno-sueco, chileno-mexicano etc., que andan visitando y recorriendo el país igual que uno.
Dieciocho horas de vuelo nos tomó desplazarnos desde las frías estepas del invierno canadiense, hasta los asoleados valles del verano chileno. El avión de Air Canadá aterrizó con cinco horas de atraso, debido a una inexplicable demora en el aeropuerto de Toronto. A pesar de la larga espera, los familiares y el empleado de la empresa de arriendo de autos aguardaban estoicamente.
El objetivo principal del tour era mostrarle, a la hija y los miembros canadienses del clan, los aspectos más relevantes del país y el resto de la parentela.
Con esa misión en mente, y teniendo cuenta la geografía y longitud del país,
llegamos a la conclusión que era imprescindible contar con un vehículo para movilizarnos en forma rápida y expedita. Con anterioridad iniciamos, a través de la Internet, la búsqueda de información de compañías de arriendo. De acuerdo a nuestra investigación una de las empresas que ofrece precios y servicios bastante convenientes es Santiago Rent a Car.
Quizás sea, igualmente, útil señalar para aquellos potenciales turistas, que en Chile el arriendo de autos es caro. A modo de ejemplo, el arriendo mensual de un minivan Chrysler, modelo Dogde Caravan, año 2005, tiene un costo aproximado a los 3 mil dólares canadienses. El mismo minivan se puede arrendar en Canadá, en la empresa Budget por 2 mil.
Anduvimos cerca de 5 mil kilómetros. Desde Santiago nos dirigimos, primero, hacia el norte con destino a la Serena. Esta ciudad es un centro turístico de renombre nacional e internacional, que atrae gran cantidad de turistas chilenos y argentinos. Tiene la virtud de ofrecer una combinación de épocas y estilos diferentes. La arquitectura colonial de los edificios antiguos y el desarrollo turístico moderno que se aprecia en los múltiples y elegantes hoteles a lo largo de la Avenida del Mar.
La Serena y sus alrededores, Coquimbo y el Valle de Elqui, deberían aparecer en el itinerario turístico de cualquier viaje a Chile. Nuestro testimonio de los cinco días que permanecimos en la ciudad, disfrutando de la espectacular vista panorámica de la Avenida del Mar, del sol y de la playa, son un argumento a favor.
Regresamos a Santiago sólo para recoger el resto del equipaje, permitir que los niños descansaran algunas horas y luego continuamos hacia el sur.
Concepción es la ciudad donde vivimos hace treinta años, donde trabajamos, donde Adriana y yo nos conocimos, donde fundamos la familia, donde nació
nuestra hija, donde luchamos, donde sufrimos la prisión política y desde donde la dictadura nos envió al destierro. Es la ciudad donde, aún, habitan los más hermosos, los más apasionantes y los más tristes recuerdos de una época. Es allí también, donde todavía vive la mayor parte de nuestros parientes.
El turista, en especial aquel que viene del extranjero, que tiene ocasión de viajar por las principales carreteras del país tropieza, inevitablemente, con el modelo económico impuesto por la dictadura y que permanece casi intocable después de 15 años de gobiernos democráticos. El neoliberalismo anda suelto por los caminos, calles, ciudades y campos de Chile.

Para ir al sur hay que tomar la ruta 5, más conocida como panamericana, la cual fue dividida en 8 tramos para efecto de las licitaciones o concesiones. En este instante las más importantes carreteras del país han sido concesionadas o privatizadas y por lo tanto autorizadas para cobrar peajes. Desde Santiago a Puerto Montt hay 12 plazas de peajes tróncales, pero además existen los peajes laterales. Así por ejemplo, en el tramo 1 que va desde Santiago a San Fernando, existen 19 peajes laterales y en el tramo 2 que va desde San Fernando a Talca, 24 peajes laterales. El valor de los peajes principales va desde los 1.600 hasta los 2.700 pesos, lo que en moneda canadiense es igual a 4 y 6 dólares.
Pagan no sólo quienes viajan desde una ciudad a otra, sino también los agricultores y campesinos que como parte de sus labores cotidianas, tienen que entrar y salir de la carretera. Tuvimos ocasión de presenciar, cerca de San Fernando, una protesta en contra de estos cobros abusivos.

En los últimos años, los desvaríos privatizadores han alcanzado limites increíbles, concesionado hasta algunas importantes calles de Santiago y por lo tanto, hoy, los santiaguinos deben pagar peaje por transitar en ellas.
Este fue el primer impacto neoliberal que recibimos cuando apenas llegábamos al país. En la empresa de arriendo nos informaron que el minivan tenia el dispositivo TAG, que nos permitiría utilizar las avenidas concesionadas de la ciudad. De esta manera, cada vez que entrábamos a la Avenida Américo Vespucio la cajita TAG comenzaba a hace ruido advirtiéndonos que era hora de pagar.
Ernie, el yerno canadiense,
observaba asombrado e incrédulo. No podía comprender que la gente tuviera que pagar para transitar por las calles y caminos. Es muy difícil, en realidad, entender cuando se vive en un país como Canadá, donde a pesar de existir el mismo sistema capitalista, el estado posee los recursos económicos suficientes para impulsar el desarrollo y construir obras públicas, sin imponer pagos onerosos a sus ciudadanos. Es la diferencia entre vivir en un capitalismo civilizado y otro salvaje.
Desde Concepción, luego de compartir gratos momentos con la familia, seguimos viaje a Pucón. Este es otro de los destinos turísticos preferidos tanto de nacionales como extranjeros. Los pueblos de Pucón y Villarrica, con su impresionante paisaje de montañas, volcanes, bosques, ríos y lagos ofrece al turista múltiples posibilidades de descanso y entretención. Por nuestra parte, disfrutamos a plenitud cinco días, de las cristalinas aguas del lago y la fabulosa vista del volcán Villarrica.
Desde la extraordinaria belleza del sur del país, iniciamos el regreso al otro extremo del continente. Más carreteras lindas, más kilómetros, más peajes.
¿Qué les parecen las excelentes carreteras que tenemos? Era la persistente pregunta que salía a nuestro encuentro. Nuestros compatriotas, sin duda, se sienten muy orgullosos de sus caminos, sin cuestionar la política de privatizaciones.
Lo cierto es que las bonitas carreteras no son todavía de los chilenos. Les pertenecerán cuando las paguen. Mientras tanto, las principales carreteras del país son de las empresas privadas que las construyeron, y lo serán por 25 años, que es el tiempo que dura la mayoría de las concesiones En ese lapso los concesionarios harán el negocio del siglo.
El año 1991, durante el primer gobierno de la concertación, se promulgó una ley que permitía entregar en concesión prácticamente cualquier obra vial. Sin embargo, las concesiones alcanzaron su auge durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, período en que el Ministro de Obras Públicas, era “el socialista” Ricardo Lagos Escobar. Entre los años 1994 y1998, se impulsa sin escrúpulos el sistema de concesiones a la empresa privada con inversiones que alcanzaron cerca de los 2.000 mil millones de dólares en distintos proyectos.
Después, cuando Ricardo Lagos llega a la Presidencia de la República continua impulsando la política de concesiones o entrega a la empresa privada de los servicios públicos esenciales y del patrimonio que pertenece a todos los chilenos. Así, la Empresa de Obras Sanitarias (EMOS), que era una eficiente empresa del estado, fue privatizada en una acción iniciada durante el gobierno de Frei y terminada durante su gobierno.
Con justa razón el diario El Mercurio, en una encuesta realizada entre 20 prominentes historiadores, cientistas políticos y académicos, obviamente todos de reconocidas inclinaciones neoliberales, proclamaron al gobierno del Presidente Lagos como el mejor de los últimos 30 gobiernos que ha tenido Chile.
Otras 18 horas de vuelo nos devolvieron, de nuevo, a las heladas estepas del oeste canadiense. La nieve escasa durante toda nuestra ausencia, llegó abundante como celebrando nuestro retorno a casa. Cada cual se trajo en la maleta, un montón de recuerdos placenteros y algunos no muy gratos, pero al final de cuentas todos vivimos intensamente la aventura anticipada del último viaje.